Científicos, expertos y numerosos organismos oficiales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Comunidad Económica Europea (CEE), el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), etc., han declarado de forma unánime que el ruido tiene efectos muy perjudiciales para la salud. Estos perjuicios varían desde trastornos puramente fisiológicos, como la pérdida progresiva de audición, hasta los psicológicos, al producir una irritación y un cansancio que provocan disfunciones en la vida cotidiana, tanto en el rendimiento laboral como en la relación con los demás.

La exposición prolongada al ruido, ya sea en la vida cotidiana o en el puesto de trabajo, puede causar problemas médicos, como hipertensión y enfermedades cardíacas. El ruido puede afectar adversamente a la lectura, la atención, la resolución de problemas y la memoria. El ruido con niveles elevados puede aumentar el comportamiento agresivo. El ruido puede causar otros muchos problemas, pero la principal consecuencia social es el deterioro de la audición, que produce incapacidad de entender una conversación en condiciones normales y que está considerado una desventaja social severa.

El ruido lleva implícito un fuerte componente subjetivo. Un mismo sonido puede ser considerado un elemento molesto para unas personas mientras que para otras no. Esto depende de las características del receptor y del momento que se produce el ruido. Algunos factores que pueden influir son la franja horaria en la que se produce, la actividad de la persona en ese momento, el tiempo de exposición, el intervalo entre exposiciones, los antecedentes socioculturales, lo habituada que esté la persona a un determinado ruido, si el ruido es continuo o intermitente, la intensidad y la frecuencia del sonido, la edad del receptor, etc.

Para personas sometidas a ruidos de niveles mayores que 60dB, las reacciones más frecuentes son: aceleración de la respiración y del pulso, aumento de la presión arterial, disminución del peristaltismo digestivo, que ocasiona gastritis o colitis, problemas neuromusculares que ocasionan dolor y falta de coordinación, disminución de la visión nocturna, aumento de la fatiga y dificultad para dormir.

Se ha comprobado que los niños sometidos a ruidos constantes y fuertes poseen unos niveles más elevados de tensión arterial que aquellos que no lo están y que este estado suele continuar con la madurez, posibilitando un mayor índice de enfermedades cardiovasculares.
Entre los efectos psicológicos pueden mencionarse estrés, insomnio, irritabilidad, síntomas depresivos, falta de concentración, rendimiento menor en el trabajo, etc. Un grupo de población que sufre mucho estas consecuencias son los escolares cuya falta de concentración, incluso en las propias casas, hace que tengan un rendimiento escolar más bajo.

Los estudios realizados con la población escolar, tanto a nivel nacional como internacional, han demostrado que la exposición continuada a elevados niveles de ruido pueden incidir de manera significativa en las aptitudes de atención y discriminación auditiva, así como en determinados aprendizajes y de manera especial en la lectura.

  • El ruido alto y desordenado afecta directamente a nuestro estado de animo, rompiendo la armonía y acelerando nuestras pulsaciones por minuto. Lo contrario que ocurriría si escuchásemos ruidos naturales como el mar, que son de 12 ciclos por minuto y que nos crearía sensación de apacibilidad.
  • La música nos cambia nuestro estado de animo. Prueba a poner un tema alegre o uno triste, o simplemente recordarlo mentalmente: tu humor cambiara sustancialmente.
  • No solo la música nos afecta psicológicamente, también los sonidos naturales. Por ejemplo, el sonido de pájaros nos crea seguridad, porque hace miles de años el ser humano descubrió que mientras los pájaros cantasen el entorno era seguro. Cuando dejamos de oírlos es cuando tenemos que preocuparnos.
  • Nos cuesta concentrarnos cuando el ruido nos distrae. Esto ocurre porque tenemos una limitación mental en el ancho de banda en la entrada de audio. Por ello no podemos entender a dos personas hablando simultáneamente.
  • Reaccionamos dependiendo del ruido de nuestro alrededor. Por ejemplo, ¿podría conducir despacio un coche una persona que estuviese escuchando música heavy y con un alto volumen?
  • Tendemos a huir de lugares donde no estamos a gusto sónicamente, es decir, donde el ruido nos molesta.
  • Sin embargo, lugares con una buena calidad de audio nos atraen y nos invitan a permanecer.
  • El ruido también afecta al resto de sentidos, no permitiendo disfrutar del entorno y del momento.
  • Si puedes oír a alguien hablando mientras estás leyendo o escribiendo, el tiempo que necesitas para procesar la información aumenta, reduciendo tu productividad hasta en un 66%.
  • Según estudios realizados, la mayoría de oficinas diáfanas tienen un índice alto de improductividad.
  • Si necesitamos crear espacios silenciosos pero también abiertos, como zonas de trabajo en común, espacios sociales, lugares de reuniones, etc., estos espacios deben tener un buen diseño acústico, para que se disfrute mejor del trabajo en equipo y sean más productivos.
  • Hospitales, enfermerías, consultorías… la mayoría de ellos tienen una mala acústica afectando a todos los enfermos, familiares así como trabajadores. Los enfermos que están continuamente escuchando pitidos de máquinas y ruidos de otros enfermos o familiares sufren un estrés continuo y una peor recuperación.
  • Las salas de espera con ruidos continuos hacen que la propia espera se eternice y en muchos casos acaben con nuestra paciencia.

¿Cuál es el alcance del problema del ruido en su caso?

Responda a las siguientes preguntas y tendrá una aproximación del tiempo de reverberación en su local o sala, la desviación respecto al valor máximo recomendado, cómo afecta a sus clientes/empleados y los beneficios que le reportaría el acondicionamiento acústico.

Diagnóstico del ruido en su negocio
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